La Señal de la Cruz es el gesto más antiguo y fundamental del cristianismo. Al trazarla sobre nuestro cuerpo decimos con palabras y con el cuerpo las dos verdades centrales de la fe: la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y la Redención (la Cruz donde Cristo nos salvó).
Su origen es antiquísimo. Tertuliano, escritor cristiano del siglo II, ya describía cómo los cristianos se signaban la frente constantemente — al salir, al comer, al encender una vela. San Cirilo de Jerusalén, en el siglo IV, escribió: 'No te avergüences de la Cruz de Cristo; antes bien, gloríate de ella.'
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la Señal de la Cruz 'consagra el día y todas las actividades' del cristiano (CCC 2157). No es un gesto decorativo — es una declaración de fe y una invocación de protección.