San Francisco escribió este cántico en 1224, enfermo y casi ciego, en una noche de tormento espiritual. Es considerado el primer poema en lengua italiana y una de las obras cumbre de la espiritualidad cristiana. En él alababa a Dios a través de todas sus criaturas — el sol, la luna, el viento, el agua, la tierra y hasta la muerte — a las que llamaba 'hermanos' y 'hermanas'.
Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor, tuyas son la alabanza, la gloria y el honor; tan solo tú eres digno de toda bendición, y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención. Loado seas por toda criatura, mi Señor, y en especial loado por el hermano sol, que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor, y lleva por los cielos noticia de su autor. Y por la hermana luna, de blanca luz menor, y las estrellas claras, que tu poder creó, tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son, y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor! Y por el hermano viento y por el aire, y el nublado y sereno y todo tiempo, por el cual a tus criaturas das sustento: ¡loado, mi Señor! Y por la hermana agua, preciosa en su candor, que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor! Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol, y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado, mi Señor! Y por la hermana tierra, que es toda bendición, la hermana madre tierra, que da en toda ocasión las hierbas y los frutos y flores de color, y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor! Y por los que perdonan y aguantan por tu amor los males corporales y la tribulación: ¡felices los que sufren en paz con el dolor, porque les llega el tiempo de la consolación! Servidle con ternura y humilde corazón. Agradeced sus dones, cantad su creación. Las criaturas todas, load a mi Señor.